La Educación disruptiva de Solange

La palabra disruptiva hace referencia a algo que genera un cambio importante o muy determinante; en el caso de la educación se refiere a un cambio brusco en la forma que actúa la educación tradicional hoy en día.

Hay pocos docentes interesados en cambiar la forma de educar a sus alumnos, y muy pocos alumnos interesados en los métodos de la educación actual, es por esto que nace la necesidad de hacer un cambio y experimentar nuevos métodos de aprendizaje.

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“Jornada educativa – Vacúnate por la paz”: Aprovechando la connotación médica que tienen las vacunas en la vida de los niños, en una jornada donde los alumnos hacían compromisos por la Paz del país, Solange decidió también realizar la jornada de vacunación por la Paz donde los niños por vía oral recibían simbólicamente la Paz con jugo de naranja mediante una jeringa sin aguja. El cambio en cada niño era total porque sentían un mayor compromiso con sus actos y compromisos.

Solange Cruz es una docente que dedicó su vida a la educación disruptiva durante 39 años, trabajando especialmente por sus alumnos con problemas de aprendizaje, familiares y personales, esos alumnos que los otros profesores no querían en su grupo por entorpecer el aprendizaje de los demás.

El método de Solange, era el de una educación con amor, paciencia, comprensión, que buscaba cierta cercanía con la vida y los problemas personales de cada alumno, para así reforzar los lazos personales y mejorar el aprendizaje en especial de los que mostraban problemas en su entorno personal y familiar.

En su amplia experiencia como docente, Solange, se dio cuenta de que las fallas en el aprendizaje estaban muy relacionadas con el entorno social y familiar de cada estudiante y es ahí mismo donde radicó el éxito en su carrera como docente, sacando adelante a los estudiantes que eran considerados “casos perdidos” por los demás docentes, logrando avances en ellos en muy poco tiempo.

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Por ejemplo el caso de un niño de segundo de primaria, llegó al curso sin saber leer, escribir, sumar ni restar, se supone que según el modelo actual de educación es pre-requisito saber todo esto para pasar al grado segundo, pero este niño no lo tenía, fue promovido porque estaba superando la edad para estar en primero, era repitente y las docentes no tenían permitido dejar más de un cierto número de estudiantes por año.

Al llegar, Solange recibió el historial del alumno y con las malas referencias de su anterior docente, decidió aceptarlo.

Fue un proceso duro, debió dedicarle mayor tiempo que a todos los demás, ubicarlo en la silla más cercana a ella para poder estar muy pendiente de lo que él hacía, debió enseñarle todos los temas del grado primero a él solo y al resto del curso segundo. En la primera entrega de notas, éste niño ya reconocía sonidos, como (ma, pa, la) que son las sílabas con las que se enseña a escribir y leer, ya se sabía todo el alfabeto, conocía los números hasta 100, y empezó a tomar dictados cortos. Esto es un tiempo muy corto teniendo en cuenta que ya había intentado aprender todo esto en dos años.

La sorpresa para los demás docentes y para su propia familia fue mayúscula porque ni siquiera su familia confiaba en sus capacidades.

Esta es sólo una de las miles de historias que Solange tuvo que vivir a lo largo de sus 39 años como docente de niños de Básica Primaria.

Este tipo de historias son las que motivan a seguir este camino, que hasta ahora se abre paso entre estudiantes y alumnos con ganas de generar espacios para reflexionar y pensar en nuevos métodos de educación, logrando avances inimaginables en la vida de los nuevos estudiantes por medio de la educación disruptiva y apoyando la nueva metodología en las experiencias de los profesores que optaron por este camino para educar.

Por GiLRaeN